jueves, 11 de mayo de 2017

Bután primer país del mundo que solo permite la agricultura ecológica



Bután, un país con unos 750.000 habitantes, se convertirá antes del 2020 en el primero del mundo en el que todos sus alimentos se cultivarán con prácticas de agricultura ecológica. En esa fecha estará prohibida la venta de pesticidas y herbicidas químicos.

Los agricultores butaneses utilizarán para sus cultivos únicamente abonos orgánicos naturales, obtenidos de su ganadería, y ningún producto químico artificial.

Actualmente gran parte de su agricultura es orgánica, al no utilizar apenas pesticidas y herbicidas artificiales por su alto precio.
Bután tiene la intención de exportar sus alimentos naturales a los grandes mercados chino e indio, sus vecinos geográficos.
El ministro de agricultura Pema Gyamtsho, que es también un agricultor como otros ministros en este país, ha anunciado este plan en la Cumbre de Desarrollo Sostenible, celebrada en Nueva Delhi (India) a principios de este mes.

El ministro recalcó los efectos nocivos del uso de fertilizantes químicos en la calidad de frutas y verduras por su menor valor nutricional y la contaminación de las aguas subterráneas.

Los butaneses tradicionalmente practican labores agrícolas, que sin el uso de productos artificiales, mantienen producciones de alimentos suficientemente altas y mantienen la calidad agrícola de los suelos.
La intención del gobierno para mantener la producción de alimentos sin químicos es aumentar las tierras de regadío y usar variedades locales que son resistentes a las plagas.

Los agricultores de Bután se enfrentan en los últimos años a serios problemas como la sequía o la escasez de mano de obra que emigra a las ciudades.


Imágen de la fortaleza dzong en Bután.

¿Dónde está Bután?

Bután es un pequeño reino suspendido en las alturas situado entre India y Tíbet. Poblado desde la antigüedad, se conocen trazas hasta del 600 a.C. Durante siglos fue invadido por mongoles o tibetanos y no constituía en sí un país, sino que estaba formado por  fortalezas ( dzongs) que dominaban las tierras de los alrededores y a su población y que serán unificadas por un lama tibetano, Ngawang Namgyal, a principios del s XVII, estableciendo una administración común. Los siglos posteriores conocen un Bután en guerra con sus vecinos y conquistador de fronteras. No es hasta el año 1907 en que se instaura la actual dinastía Wangchuk nacida de la guerra entre dos gobernadores, uno de ellos con apoyo británico que resulta vencedor del conflicto y otro con apoyo tibetano. El país será sucesivamente protectorado británico e indio y accederá finalmente a la independencia en 1971.
Siempre ha sido un país en el que el extranjero era todo menos bienvenido. Por eso desde la implantación de la monarquía se intentó que todo aquel que no fuera nativo del país, lo abandonara.
En Bután  no existe un índice para medir el PIB si no el índice de la felicidad
Paradójicamente la imagen que se tiene de Bután es distinta y se presenta como un reino de paz en medio de las montañas nevadas del Himalaya. Más curioso aún es conocer la forma de gobierno y las numerosas peculiaridades de su sistema político. En Bután existe un indice para medir no el grado de riqueza de la población, como el PIB, sino el GNH (Gross Nacional Hapyness) que mide el índice de felicidad de la población.
Este se basa en 4 puntos diferentes como son: crecimiento económico, conservación de la cultura y salvaguarda del medio ambiente.
La verdad de si los habitantes son verdaderamente felices es algo para determinar, y puede darse en la medida en que aún su cultura no ha sido absorbida por los usos y costumbres del sistema de la aldea global de la era de la comunicación, en la que todos usa pautas y hábitos comunes que tan poco respetan la particularidad de cada pueblo.
Foto:El rey de Bután Jigme Keshar y su hijo Jigme en un campo de maíz de Dungkhar Lhutense.                
Bután fue el último país del mundo que tuvo acceso la televisión en 1999 y solo hay declarados 500 internautas entre una población  de más de 2 millones de habitantes, de los que algún organismo estima que solo 800 mil son verdaderos butaneses  y que el resto son refugiados nepalíes.
Es así posible que la alegría que tienen los butaneses  sea cierta, algo de lo  que al parecer dan testimonio varios de los viajeros que por allí han pasado. Las convicciones de las comunidades de  Bután  les impiden matar a todo ser vivo, por lo que su concepto de la preservación de la naturaleza, tanto de flora como de fauna, es muy alto, lo que sin embargo no ha impedido que a las autoridades  expulsar y perseguir  por motivo de religión a  tibetanos y nepalíes, miles de los cuales viven en campos d refugiados esperando recibir refugio en algún país.
Los nepalíes, de religión hindú, comenzaron a emigrar a la vecina Bután en el siglo XIX pero un siglo más tarde el país, dominado por una etnia seguidora del budismo tibetano, los "drukpa", expulsó a sus descendientes por estimar que su número e influencia crecientes suponían una amenaza para su identidad cultural.

Las  conversaciones que han mantenido Nepal y Bután no han servido para que este país permita la vuelta de ningún refugiado, ni tampoco de los 15 mil butaneses que viven fuera de los campos en Nepal o de los 30 mil que se calcula que hay en la India.

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